Una mañana, tomando un café helado en Phuket, vi a un turista enfadado porque la camarera tardaba en servirle. Él resoplaba y ella, a su ritmo, seguía trabajando y decía en voz baja: Sabai sabai, sabai sabai…
Más tarde entendí lo que significa: estar tranquilo, recibir cada momento tal y como viene. Descubrir una sociedad donde la sonrisa es la principal divisa te recuerda que todos llevamos dentro un niño libre y feliz.
Cada olor a comida callejera, flores de los puestos o incienso de los templos.
Cada sabor, desde el picante de un plato típico hasta un polo de maracuyá que te devuelve a la infancia.
Cada conversación con la gente local o turistas que como tú están descubriendo Tailandia.
Cada sonido, desde el cuco indochino hasta los tuk tuk a escape libre en la caótica Bangkok.
¿Te gustaría sentir todo esto a la vez? Puede que te explote la cabeza...